miércoles, marzo 16

todos mis rituales.

Éste es un post inusual.

Desde mis 15 ó 16 años más o menos tengo rituales de cuidados y nutrición. Soy una ávida lectora de tips para el bienestar físico: cosa que me cierra, cosa que anoto mentalmente e incorporo. No sé cuánto resultado me dan, pero:

a) Son hábitos ya muy adquiridos
b) Gozan del beneficio de la duda. Siempre queda la pregunta de qué pasaría si no te tomaras todas estas mini molestias cotidianas.

Acá van.. a ver en qué coincidimos, qué me pueden observar o sumar!

  • Nutrición
A la mañana

En ayunas tomo medio limón exprimido con un vaso de agua tibia, se supone que limpia el organismo y la verdad es que desde que lo hago no me enfermé más!

Tomo spirulina en píldora mañana y noche, tiene aminoácidos, vitaminas, hierro, BLA.

Como una cucharadita de polen o maca o acai (Antioxidantes y energizantes)

Desayuno un pote con banana, arándanos o frutillas, yogur descremado, granola (casi siempre casera), semillas y almendras.

Entre comidas

Hago dos o tres colaciones por día, casi siempre una fruta o frutas secas o barra de granola y semillas (de dietética)

Tomo mate o té verde sin endulzar

Cuando ando con paciencia hirvo hojitas de té banchá.

En un bar al café con leche le meto edulcorante y azúcar, si hay que envenenarse que sea parejito!

Fuera de verano antes de irme a dormi tomo té de manzanilla. Recomiendan para el sistema digestivo y nervioso, y para la piel.

De tarde

Puedo permitirme tres galletitas de algarroba o Frutigran con semillas. Si estoy RE tentada pan integral con Mendicrim y dulce de arándanos.

Comidas

No como con pan ni fritos.(Salvo rabas o una RE empanada frita que alguien me convide)

No como mayonesa ni salsa golf

No mezclo proteínas con hidratos

Uso muy poquita sal. (Hay que usar marina, o del Himalaya, pero me colgué).

Le meto tomate, palta y semillas a todo (Hay que activarlas, pero qué fiaca)

Si al mediodía comí hidratos a la noche como proteínas y viceversa,

No tomo agua durante las comidas, sí antes y después (Se lo leí a Araceli, jaja!)

Tomo el agua a temperatura ambiente. (Debería tomar MUCHA más agua)

Como muyyyy poca carne roja, muy poco pollo, cada vez más pescado.

Como medallones de lentejas o de porotos enteros de soja y amaranto, quinoa, etc.

Intento comer arroz yamaní aunque lleve más tiempo

Evito la manteca y la crema

Evito a full los fiambres.

Lácteos  descremados (excepto el Mendicrim rojoy un flor de helado!)

Uso aceite de oliva y ahora también de coco.

Casi no como pastas (Casi no como harinas blancas!)

Si tengo que tomar alcohol intento que sea vino tino, (aunque cada vez me gusta más la cerveza. Probaron la Amstel?)

  • Piel, pelo y etcs.

En la ducha uso sólo jabón de glicerina Véritas

Uso una manopla exfoliante.

Me lavo el pelo día por medio.

Al final del baño abro el grifo de agua fría

Después de bañarme siempre me pongo crema humectante, (hace 20 años!)

Me hago una limpieza casera por semana, con crema humectante, azúcar y limón. Probé con café y algunos comprados, pero ese es el método que más me resulta. (Ya sería momento de que vaya a una cosmetóloga y me haga peelings y esas cosas.. .. ejem)

Cuando ando RE inspirada me hago nutriciones faciales, La que mejor me deja es la de palta, con miel y oliva, También la de banana.

Y si ando re RE inspirada me pongo el ungüento en las manos, las meto en guantes de nylon y al ratito son una seda.

Me pongo una ampolla en el pelo una vez por semana o cada 15 días, o una cucharada de liva extra virgen,

Hace poco incorporé unos ejercicios faciales, para los ojos sobre todo, (Servirán?!)

Uso sólo dentífrico Squam, a veces le meto bicarbonato para blanquear (Aunque mis dientes nunca serán blancos!)

Me depilo sólo con cera.

Uso crema de día con factor UV/UVA de 20 o más.

Me saco el maquillaje antes de irme a dormir

Uso crema antiage y si no tengo -porque son muy caras!- aceite de coco

Me pongo crema de manos antes de acostarme

  • Ejercicio

Justo ando medio sedentaria estas semanas,,, la bici un poco olvidada... pero desde los 20 hasta ahora siempre hice algo:

Musculación fanática y obsesivamente (rutina de 2 hs 5 veces por semana durante cuatro años),

Yoga (desde 2007, aunque cada vez con menos intensidad)

Natación

Running (el mejor momento fue cuando combinaba estos tres últimos, hasta antes de ser mamá).

Durante este año caminaba media hora tres veces por semana (a la vuelta del jardín, pero ahora que me queda a la vuelta tengo que meter algo aeróbico sí o sí!!!).

Sí bailo una vez por semana y pienso anotarme pronto en clases de yoga. Mi postura está desastrosa.

  • Otros

Tengo turno para ortodoncia (y eso que usé 10 putos y eternos años!!!) y para traumatólogo para que me dé plantillas, porque piso malísimamente mal.

...

Che. no es un montón?? Parece que además de esta cebezota, este corazón y esta alma mía, cuido lo más que puedo a mi cuerpo, tan gauchito él, 35 años conmigo.  :-)

¡Cuenten ustedes, muchachada!

martes, marzo 8

integre sin revolver.

Hoy me pasa algo raro, tengo ganas de escribir, de expresarme, pero no tengo muy claro lo que quiero decir. Es más, no sé si tengo algo para decir.. Pero déjenme intentarlo.
Sólo sé que enfrente alguien mira un programa que imagino es Showmatch, y que otros ya apagaron la luz y se fueron a dormir. Y a mí de eso no me interesa nada. Es más, hasta apagué la radio. Debería estar leyendo "La muerte del padre", tal vez. Me tomé una copa de vino y me comí dos zanahorias. Tal mi cena después de pasar cinco horas cubriendo un evento singularísimo de un sindicato en el que estaban el sindicalista en cuestión, Jorge Formento, los coachs de Tinelli y hasta Malena Ginzburg. (Qué cosas raras hacemos los humanos).
Cuando llegué debo haberme pasado quince minutos observando y corrigiendo mi postura frente al espejo. Está decidido que vuelvo a hacer yoga.
Y así como quiero enderezarme y abrir .. abrirme, también quiero integrarme. Viste cuando la receta dice "Añada la harina en forma de lluvia, integrándola sin revolver". Así, más o menos así.
Llegó el momento de unir a la madre, con la mujer, con la ex, con la hija, la hermana, la amiga, la novia, la trabajadora, la empleadora, la licenciada, la periodista, la escritora, la rubia narigona.. aquella niña, con la adolescente y esta adulta.  La coqueta con la pensante. La racional con la volada. La soñadora con la miedosa. La optimista con la nostálgica. La viajera con la hogareña.
Integrar lo pasado con lo presente; lo luminoso con lo sombrío; lo inamovible con lo electivo.... aceptarme una.
Tengo la enorme y profunda necesidad de vivir en paz conmigo misma. Hace poco lo experimenté. Fue en enero.Me animé a ponerme en modo slow motion, trabajar a otro ritmo, tomar sol, leer, meditar, escribir, contestar mails como si no hubiera apuros, respirar, caminar, sentir. En ese lapso mi conciencia se abrió, Tanto que hasta veía cosas que hasta entonces se me escapaban. Y no hablo sólo en el sentido simbólico, sino también en lo concreto. En mi propia cuadra veía como por primera vez casas y árboles que habían estado ahí por años
Al estar así estás tan en eje que no necesitás putear a Macri en facebook, ni siquiera encender la radio. Te alcanza con tus listas de Spotify, o el mismo silencio. La vida interior es rica, colorida y demasiado basta para buscar más cosas afuera. Y estás tan cómoda dentro de tu piel que ni se te ocurren consideraciones del tipo "estoy gorda, estoy flaca". Solito tu cuerpo te indica qué quiere comer, cuándo tiene sed. No pide de más, no se conforma con menos. En cuanto al afuera, cada cosa encuentra su lugar y su momento y no existen las preocupaciones: te estás ocupando de lo que te estás ocupando, y después te vas a ocupar de lo que te tengas que ocupar. EL tiempo se vive de una manera no tan agobiantemente lineal. El tiempo es TU tiempo y no el que marca el afuera.
Todo muy genial vieron? Todo súper alineado. Si alguien experimentó algo de esta calma sabrá entender de qué le hablo.
Bien, pero todo eso me lo permití porque el afuera me daba permiso (enero y su descenso de demanda); porque la ciudad misma estaba a otro ritmo y porque sabía que se avecinaban tiempos difíciles, (este divorcio y esta mudanza), entonces de algún modo me lo merecía por anticipado.
Pero ahora quiero lograr ese estado de puro ser no como recreo, no como excepción, sino como algo más permanente. Hacia esa paz quiero ir, aunque trastabille mil veces. Donde en vez de revuelta como hoy me encuentre integrada.
Qué post merengue salió.
Se entendió algo?
Las quiero, je. Gracias por leer.


lunes, febrero 29

barrio.

Hace un ratito salí a comprar un vino, lo llevé a Rolfi conmigo, soplaba por las veredas de Ortúzar esa ventizca de cuando está por llover. La rotisería de Zori ya estaba abierta iluminando la esquina de Holmberg y Fraga. Sobre Triunvirato dos chicos de gorrita y ropa deportiva esperaban el bondi; en otra parada un 71 depositaba a una pareja con un bebé en cochecito; en la puerta del chino un grupito tomaba cerveza; el chino terminaba su pucho y el verdulero se ofrecía a cuidarme al perro. Agarré la botella, pagué y salí casi tan rápido como había entrado. A la vuelta, aunque implicara unos metros más de caminata, decidí evitar la avenida. Doblando por Chorroarín estaba el almacenero -si cabe llamarlo así- que combina en su cabeza una pelada y una colita de canas largas. Es el dueño de "Creaciones Barbosh", el negocio más enigmático del barrio, donde nada que alguna vez se haya roto fue reparado, donde unos pañales de adultos se destiñen tras la vidriera sucia y rajada, donde siempre hay tres tomando mate o birra (según la hora) y un perro persigue al mío mientras su dueño lo caga a puteadas. Eso, y la luna siempre visible, definen más o menos la noche en Ortúzar.

Y el día, ah, el día.

A las cinco am arrancará su actividad el Centro de Abaratamiento,  donde Chris, Vivi o Marta van a pesar frutas y verduras con su eterna buena onda y esos precios que convocan multitudes. Un poquito más allá abrirá el segundo negocio más misterioso de Ortúzar, uno que tiene dos o tres productos Pampero, dos camisetas, alguna prenda de bebé y un cartelito que dice "Toque timbre". (Nunca supe cómo sobrevive ese local. Pero van casi cuatro años y está vivito y coleando). Más allá, levantará su persiana el chino de la china macanuda que mira novelas chinas en su tablet seguramente china, donde no hay carnicería (tampoco que nos importe demasiado) pero sí yerba Playadito, Dadá a buen precio ¡y pago con débito!.

Pegando la vuelta por Holmberg, en la panadería Nuevo Mundo (supongo que hay una con ese nombre en cada localidad de este país), Silvia, con sus dos brazos gordinflones, va a servir chipás, o esas facturas de ricota que todavía no vi en otro lado. Ahí mismo, cuando vuelva a caer el sol, se reunirán los vecinos a hacer puerta, tomarán mate y darán las buenas tardes al que pase mientras sus hijos van y vuelven con triciclos y bicicletas.

Tomando por Roseti, una vendedora sonriente abrirá la puerta de L´Epi, de Bruno y Olivier, los franceses que se la jugaron a poner una panadería chic en esta barrio de talleres mecánicos y gasistas matriculados y la pegaron. Sonará una canción tenue en ese paraíso de harinas y manteca que no conviene frecuentar mucho más de una vez por semana. (Mascotas son bienvenidas, pero si molestan mucho, Bruno te las cuida afuera).

Yendo derecho desde esa esquina en dirección a Álvarez Thomas en el entrañable Oriente se estarán sirviendo cafés con leches y medialunas. Oriente es entrañable en el sentido más estricto del término. Querible de sólo verlo, con sus aberturas verde agua, sus azucareras de vidrio, sus servilleteros de pizzería, sus dueños - Gerardo y su hermano cuyo nombre se me escapa hasta que cruzo la puerta (¿Fernando?)-, y su habitué con voz de Coco Basile que entre pucho y pucho da cátedra sobre cómo vivir la vida. Un bar que fue sede de mis sesiones puérperas de terapia; que me recibió a tomar Sprites con hielo y limón cuando necesitaba pensar sola; que nos ofreció cervezas heladas con picadas de yapa los primeros meses con Martín.

Hacia las 9, 30 llegará Fernández, el bicicletero bonachón y abrirán sus puertas el vivero Jardín Interior y la farmacia del señor de labio leporino, que es un amor. Más hacia mediodía una señora se sentará junto a la puerta de Don Chicho, a amasar fusilli al fierrito, recreando la mística que sostiene al lugar ahora que de calidad le quedó poco y unos cuantos autos se pondrán en doble fila para comprar fugazzettas con un kilo de queso en La Mezzeta.

Y en el corazón de todo mañana, pasado y siempre está la placita:  la 25 de Agosto, que me enamoró ya antes de mudarme al barrio. Una plaza con árboles altísimos y sin rejas, rodeada por casas de aires marplatenses.  Con áreas de pasto tan generosas como para jugar al fútbol o tirarse a tomar mate. La plaza donde primero paseó mi perro y después se le unió mi hijo.  Democrática como pocas, mezcla a los chicos de los asentamientos vecinos con los hijos de Wainraich, La mejor plaza del mundo, sin duda.

Quizá lo que más vaya a extrañar de este barrio ahora que me voy.

Tenía que vivir acá, así estaba dicho. Cuando un día le mostré a mi papá la casa que acabábamos de señar, él, que apenas tiene memoria, me señaló la Iglesia San Roque y me dijo "Ahí se casaron los abuelos, y ahí me bautizaron a mí". Tiempo después me enteré de que además a ese colegio parroquial iba Cerati. Fue en casa de Wilma, casi llegando a Charlone,  donde nació Rolfi, hijo de su perra Maga y de Bartolo, el bretón de la cuadra. Fue ahí mismo donde una mañana el Evatest me anunció que Tomás estaba en camino. Fueron las siete cuadras que me separaban del trabajo las que me permitieron durante cinco o seis meses darle la teta en horario de almuerzo, Fue bajo el árbol frente a casa donde quedó Kathy para siempre.

En Villa Ortúzar me habitué a que no  me camine nadie por arriba o por debajo, y a abrir la puerta y salir a la calle,como fue siempre para mí, allá en Mar del Plata.  Muchas veces con Tomás nos sentábamos en la vereda a tomar mate y ver la gente pasar, en las mañanas más silenciosas de la Capital Federal. Y si no, nos íbamos a la terraza, donde se alcanza a oír el piano y la voz de mi vecina Valen, o los pelotazos contra la pared del hijo de Pato, que en estos cuatro años se volvió un grandulón.

Pero tenía que irme. y eso también estaba dicho. Esta casa perteneció a un proyecto que ya no es el mío, esta casa fue el sueño de Pablo, esta casa me queda grande, y varias otras razones (incluidos seguramente los suspiros que durante mucho tiempo le eché a Colegiales, mi barrio destino)

Gracias por estos años de hermosura, Ortúzar querido. Ahora que la lluvia ya repiquetea sobre mi techo de vidrio puedo decirte que me voy sin saber dónde vivía Cerati ni cómo se llama el loco Barbosh, pero segura de que te voy a llevar en mi corazón, donde se tienen todos los lugares donde crecimos.

jueves, febrero 25

mañana, un papel.

Mañana firmamos el divorcio. Es una palabra fuerte, que durante muchos años siguió sonando a tabú. Todavía detecto algo de eso en la expresión de quien la oye de mis labios. (Un gesto seco como de quien está frente a lo réprobo)  Y sin embargo yo la hice tan propia, la acepté dentro y hasta deseé verla materializada a través de un trámite. Cuando tenga que completar en un formulario mi nuevo estado civil el "divorciada" no será nada glamoroso, porque aún resuena el estigma allá en el fondo, ¿No?

Pero quienes me conocen están contentos de que pueda dar este paso. Saben el camino que hizo falta recorrer para llegar hasta acá. Saben - o yo creo que saben, o yo sé- que lo más doloroso fue descubrir un día que se había terminado el amor..... O peor, que sólo con amor no alcanzaba. La gran grieta ocurrió ahí. Ahí se divorciaron mis deseos de mis sentimientos. Mis proyectos de mi realidad. Mi corazón del suyo. El "juntos" del "a la par" que sonó en la voz de Pappo cuando nos casamos.

Hoy nos encontramos acá, a punto de dar este paso. Mi cabeza, siempre tan tajante ella, me dice que dale, que nos separamos hace casi dos años, que qué tanta farfalia ni revoltijo en la panza. Pero cuando hago silencio, y me oigo, cuando hago una pausa y miro dentro, lo que encuentro es un compilado de recuerdos y la frase "Me divorcio de Pablo". Y lo que salen de mis ojos son lágrimas.

Este momento es significativo por su carga simbólica, y porque marca el tiempo que nos tomó soltarnos de verdad. No definitivamente, porque gracias a Dios trajimos juntos al mundo al más luminoso ser que yo haya conocido, pero sí podemos decirnos adiós deseándonos lo mejor, haciendo un acuerdo que contemple el bienestar de los dos (y sobre todo el de nuestro hijo), sin habernos puesto demasiado belicosos (aunque, insisto, haya costado). Nos podemos decir "adiós, fue lindo compartir ese pedazo de vida con vos", con amor.

Lloro tanto que casi no logro escribir.

Quiero decir que al amor le suele tocar una acepción muy restringida. Lo que hay entre Pablo y yo siempre será amor. Estará teñido de mil colores, a veces se esfumará hasta quedar gotitas, a veces aparecerá en forma de carcajada cuando compartimos la última ocurrencia de Tomás  (O como hoy, cuando le mandé fotos de su hijo vestido de murguero, y festejamos juntos porque la murga era algo que nos unía). Ahí va a estar siempre, porque juntos crecimos y juntos nos atrevimos a lo más grande de todo.

Tiempo antes de separarnos le escribí una carta que nunca le dí, en la que terminaba diciéndole "Perdoname amor de mi vida, perdoname por soltarte". Hoy somos dos ya no pidiendo perdón, sino perdonándonos porque, por mucho que intentamos, no resultó como hubiéramos querido.

Todo mi ser necesita dar vuelta esta página. Como siempre digo: ¿es lo que quería? No, pero dentro del escenario como está planteado, es lo más saludable y necesario para todos.

Así que todo esto es para mí ese papel, este divorcio. (Que culmina dejando la casa que compartimos).

Y quiero cerrar esta entrada con una canción que a él lo emocionaba (Y en cuya belleza supe reparar gracias a él), entre tantas que le gustaban, Ojalá ustedes puedan escucharla a todo volumen y con oídos nuevos. La hermosura de estas dos voces que ya no están me hace pensar con alegría y esperanza que de todo lo que una vez existió queda un legado de belleza:


Pd: Prontito contesto comentarios, las quiero muchachada.

jueves, febrero 11

no vienen solos.

- Cómo maduraste este tiempo.- Del otro lado de la pequeña mesa sobre Avenida de los Incas, lo escuchaba - De esa chica, sentada en su box en la oficina con todos los demás, a ésta, con su hijo, su divorcio, su pelito corto..

- Toda una señora.

- No: una mujer.

El diálogo ocurrió anoche. Pero algo dentro de mí sucedió antes.  De algún modo no previsto me amigué con la edad que marca mi calendario, es decir, treinta y cinco años, cumplidos la semana pasada.

Durante meses estuve enfocada en lo que me quitaron. Ustedes ya saben: frescura, dinamismo, espontaneidad, un cuerpo y una piel más elásticos, posibilidades, incertidumbres, adrenalina, irresponsabilidad, algunas ilusiones, ciertos descubrires.

Y ahora veo todo lo que trajeron consigo. Viste esas cosas que de habituales  das por sentadas hasta que te preguntás qué harían sin ellas, como los fósforos para prender la hornalla o la sal gruesa para los fideos?

Ni falta hace que nombre a Tomás, o sí? Bueno, listo, ya lo hice; pero junto con él la experiencia de maternar, de cuidar más de alguien que de vos misma, de cuidarte a vos misma por alguien más. El dar incondicional, ese amor expansivo que bien podría no tener límites. Adquirir cierta practicidad y pragmatismo; , aceptar y hasta querer el segundo plano; sacar una sonrisa de donde no parecía quedar una.

Y fuera de la maternidad ese autoconocerme. Porque cuando pasás los 30, y si estás más o menos conectada con vos misma, ya sabés qué te gusta y qué no; qué cosas adorás y cuáles te sulfuran. (Algunos llaman a eso seguridad, A mí me parece una palabra algo malgastada, pero está bien)

Ahora sé cómo tapar ojeras, alargar pestañas y colorear mis facciones en minuto y medio. Descubrí que el famoso equipete de camisa blanca, stilettos negros y jean no van conmigo, pero comprobé  eso de que la sonrisa es el mejor accesorio de todos. SIEMPRE. Sé a qué cosas me quiero exponer y a cuáles no. Sé con cuántos vasos de cerveza me mareo  Cuánto necesito dormir, que me divierto sin drogarme y que está OK así. Qué es lo que más me gusta en la intimidad. Y que rara vez me pega bien la siesta.

Cuento con mis límites y limitaciones tanto como con mis talentos.

Tras miles y miles de horas de práctica adquirí un oficio: el de escribir.

No me avergúenzo más de mis gustos menos ortodoxos, es más: ¡los embandero!

No me avergüenzo de lo que no vi, no escuché o no leí, porque sé que hay tiempo.

No me avergüenzo si algo socialmente celebrado no va conmigo.

De a poco aprendí a decir NO.

De a poco aprendí a recibir

Y a mantener a raya a las personas con mala energía.

A los ponchazos me amigué con mi soledad.

Me largué a bailar

Me copó escuchar

Me animé a soltar.

Tengo una colección de recuerdos que acuden a mí inesperadamente, y a los que a veces recurro concientemente,

Me permito los momentos pila-pila y los de nostalgia, sin dejar que la euforia o la añoranza me tomen por completo.

Comprendí -aunque a veces se me olvide- que lo oscuro y lo claro coexisten. Que no hay claro sin oscuro ni viceversa, ("No pienses que ya no hay más tiniebla, tan sólo debes comprenderla, es como la luz en primavera").

Y decidí que todo lo que deseo para mi vida es verdad, amor, paz y mucha pero mucha alegría.

...entre tantas pero tantas cosas que trajeron estas tres décadas y media.

 autofoto tomada en mi 35° aniversario

¿Qué dicen ustedes?

viernes, enero 29

la tercera dimensión.

Lo que empezó a pasar es que encontré la tercera pata de la vida. Esa que todos intuimos que existe, y que incluso algunos dicen que pesa 21 gramos: el alma. Ahora que a toda mi búsqueda intelectual y emocional sumé esta otra, la espiritual, me siento más completa. Siempre temo sonar esotérica. Rehuyo de la imagen de la mina de cincuentaytantos, con rulos cobrizos y labios rojos que apenas te ve te dice "Hola Acuario" o "Qué mal me pegó la luna llena de hoy". No, no, por favor, si eso ocurre por favor me lo advierten a tiempo (por ahora estoy lacia, así que en esa zafo).

Me refiero a esto que empezó esa mañana de lunes, a los pocos días de ese asalto con arma, cuando sentada en el consultorio de Laura, mi analista, le dije "Necesito algo más, hay lugares a los que no estoy accediendo" Y ella, que sabía de mis ganas de bailar, me sugirió anotarme en Soul Motion.

O quizás empezó unos meses antes, exactamente hace un año, cuando me despidieron de Greenpeace y sin saberlo me dieron la oportunidad -que yo no había sabido generar- de dejar de huir de mí misma.

O tal vez un poco después, cuando me enteré de que mi papá era mortal.

No lo sé.

Lo seguro es que con momentos trabajosos y de profundísimo malestar. (y ya lloro) atravesé este año que me trajo a buen puerto .Estoy parada -y no hundida, que no es poco- en un lugar donde el paisaje se puede ver con bastante claridad y perspectiva. Desde acá es difícil atribuir algo a la mala suerte. Desde acá es difícil ponerse en el lugar de víctima. No se ve ningún culpable. Cada persona que pasó por el camino hizo un papel que tenía que hacer, y no hay nada que yo pueda reprocharle. Los procesos se ven en su lógica. Mi responsabilidad está en cada una de las cosas que atravesé, y el color del que se tiña todo está en mi mirada, y no afuera. Leí por ahí que lo que uno tiene es ni más ni menos que lo que pidió. Suena paradójico y medio generalizador pero pensado a fondo es muy cierto.

Me siento muy afortunada de haber encontrado eso que se llama energía, para empezar a trabajarlo. Y ahora el desafío, como dice mi amigo que dice Sri Prem Baba, es llevar el espíritu a la materia. Porque no todos queremos ni podemos irnos a meditar un monte en el Tíbet. La cosa, sospecho entonces,  es vivir en nuestra verdad en medio de la cotidianidad. Ser verdaderos haciéndonos los distraídos lo menos posible.  Es un poco lo que contaba en el post anterior: encontrar el espacio dentro del espacio, el tiempo dentro del tiempo, el silencio en medio del ruido, la palabra en medio del silencio.

Siempre les digo gracias por leer a la Cecilia más verdadera. Lo que comprendí ahora, y de ahí el título de la entrada, es que la que se deja ver acá es mi esencia.

Ser lo que amás como fórmula para mí vuelve a cobrar sentido, porque es reconocerse amando, que es todo lo que hacemos todo el tiempo ahí en el fondo, aunque a veces lo cubramos con veinte capas.

Sí, así: wide open.



Gracias por los hermosos comentarios que me dejaron en la entrada anterior (les contesté e invité a alguna/s a escribirme por mail) y gracias por el puente que establecen conmigo.

Feliz viernes (el mejor día de la semana!) y mejor finde muchachada.

c.

domingo, enero 17

calma.

Cuando me pongo a escribir esto siento miedo de romper el hechizo. Como si por describirlo este estado se fuera a esfumar Tengo cierta resistencia también a compartir mis procesos porque pienso "A quién le importan, no ves que muy pocas personas te comentan", pero me reprendo diciéndome que si razono así entonces no voy a escribir nunca más .

Pasó algo extraño. Hoy parada sobre la bisagra del fin de semana y el lunes donde todo vuelve a empezar lo puedo ver. Fue una semana a la que di en llamar "de retiro espiritual". Por primera vez Tomás se separó de mí más de cuatro días. Con poca anticipación - menos de la que me hubiera gustado tener- me preparé mentalmente para enfrentarlo. Se lo comenté a medio mundo. A cambio recibía un "Aprovecháaaa" casi sistemático (sobre todo de mis amigas madres, debo confesar, pero ellas ciertamente no saben de qué hablan porque no les tocó) Así y todo. Aprovechéeeee!

Fue de una manera imprevista, dejando acontecer. El primer día (lunes) con mucha oscuridad, llorando, angustiada, escalando el día con esfuerzo. A la noche, buscando información sobre un libro llamado "El camino a la alegría" llegué a la página "Valores sin fronteras" donde la autora te propone un método de cuatro pasos -gigantescos por cierto- para conocerte, autoafirmarte realizarte, vivir en tu verdad. Alejadísimo de todo remilgo autoayudístico. Sincero, bien pensado, hecho con mucho amor. Algo se empezó a mover. Esa noche pude vencer a la ermitaña que venía apoderándose de mí y  salí a comer con Debi Fue un gran encuentro de dos mujeres promediando los treinti, con sed de autoconocimiento, en estadios parecidos del amor, y con muchas ganas de disfrutar. A Debi la conozco desde la facu, nos vimos mutuamente atravesar todos los estados, Es mágico.  Volví muy contenta y se lo hice saber con un mensaje.

El segundo, un poco más liviana, trabajé, seguí con los 4 pasos y al atardecer fui a buscar un libro al que le tenía TODAS las ganas y del que enseguida o en otro post les voy a tener que hablar. Y ya entonces además de a mí misma tenía el libro. Qué paz. Anochecía y podía hacer lo que qusiiera. Comer por ahí o venir a casa. Tomar vino o una Coca light. Seguir con los pasos o con la novela. Mientras avanzaba las páginas más me hablaba. "Cómo me conocés", le dije a Noe, mi amiga que me lo recomendó.

Entre tanto cuidaba de Rolfi y los perros de Martín, que estaba de viaje por trabajo. Morena y Firulais, dos hermosos que aprendí a querer y mucho. Las puteadas del primer día por los soretes adentro se transformaron en acciones preventivas para sus necesidades y paseos de mañana y de tarde, además de despulgamiento, baño, cepillado, etc. Maternar no es algo que se deje tan fácil. Todas las mañanas o noches hablé con Tomás, que me contaba de sus progresos en su relación con el mar.

Haciendo los 4 pasos decidí internamente que tenía que volver a bailar, que -como decía en mi entrada anterior- se había convertido en mi modo de meditar. Un modo lúdico, alegre, amoroso. La certeza y la alegría que sentí al decidirlo es indescriptible, Y la certeza al volver, con una sonrisa dibujada y toda esa energía disponible... pfffffff...

A la tarde vino mi papá con su novia. NO fue nada fácil. Estaban vibrando en otra frecuencia, sobre todo mi viejo, que spadecee sus propios juegos mentales que lo hacen ser colérico, irritable, brusco. Se estaban por ir a Brasil, pero estaban tensos, y aunque le hice la pizza que él quería, y le preparé el desayuno, e intentaba que distendiera, no tuve mucha suerte. Por último lo abracé y le dije "No quiero que sufras". Le di unos besos, bajó la vista y no se resistió, así que creo que algo le llegó.

Y esa misma mañana fui a terapia, y le conté a mi analista de todas estas cosas. Y lo que había sido un mensaje desesperado el lunes "Son días raros y difíciles", había dado paso a esta calma. A encontrarme más que satisfecha con tenerme a mí misma. Y después fui a Emma Hill a actualizar mi ropa interior, qué felicidad! Y estaba que sí que no con un mini viaje en soledad a Carmelo.. no me decidía. Cada vez sentía menos la necesidad de alejarme para estar en paz. Sentía de a momentos que podía lograr lo mismo sin tomarme toda esa molestia y sin gastar plata. Después me volvían las ganas, y así. Cuando entré medio decidida por el sí no había pasajes. Creo que mi parte más neurótica estaba esperando que alguien decidiera por mí y así fue.

Y esa noche, creo que fue, tuve una charla con el amigo que hace lectura de aura, que me estaba planteando de terminarla. Horas enteras que se volaron, contándonos  un poco de todo, hablando el idioma que hablo acá pero verbalmente, cosa que no hago casi nunca con casi nadie DIciéndole: si, todo muy lindo este mundo de verad y libertad, de espíritu, pero después hay que salir al otro (Y en eso estoy, intentando conciliarlos).

Unas horas antes le había dicho a Martín que cuando viera el atardecer desde el barco en que estaba se acordara de mí. Me dijo que lo hizo. El viernes él volvía, aunque no íbamos a poder vernos. Pero me dediqué a leer, y aseguir comiendo sano, y a tomar sol, y a leer los 4 pasos, hacer yoga y así hasta que se hizo la hora de salir con amigas.

Me detuve todos los días delante de la foto de Tomás, sonriendo, suspirando, pero no sufrí, no lloré más. Lo extrañé suavemente. En calma.

Casi todos los días tuve recuerdos felices de mi vida con Pablo, y lloré por ellos. En calma.

El sábado, después de un día así parecido a los anteriores, me contacté con dos amigas que venía sintiendo fuerte adentro, y descubrí que ellas estaban conectadas conmigo también. ¡Fue mágico! Y más tarde compré todo para esperarlo a Martín con una picada.Y cuando llegó dsfrutamos como locos del encuentro, y lo quise como pocas veces, y sin declaraciones creo que lo trasmití. Fui muy feliz hasta que se fue bien temprano a seguir laburando. (Y después también) Dormí toda la mañana, me fui a L´Epi y compré medialunas y enfilé a lo de mi tía, donde me esperaba un pedazo de carne después de una semana de no tocarla (al igual que el control remoto de la tele).

Al volver, sentada en la terraza mientras caía el sol, ( y si llegaste hasta acá) comprendí que este estado de calma interna, esta ausencia de angustia, este abrirme espacio dentro de mí - apropiarme del momento, distinguir realidad de pensamientos, sentimientos de ideas-,  son parte de una búsqueda que vengo haciendo Son un estado al que aspiro. Sólo anhelo que la cotidianeidad y los miedos no los ahoguen.

De verdad quiero ir hacia ahí. Igual que mañana quiero ir al encuentro de Tomi, igual que en tres días  quiero ir a danza, igual que quiero terminar este hermosísimo libro, igual que quiero darle a fondo a esos 4 pasos.

Estuve escuchando mucho este tema, que me recuerda al primer tiempo con Martín, cuando -a la par que me enamoraba - estaba tan agitada y nerviosa. Esta canción es la medida exacta de lo que medió entre una cosa y la otra.



Deja que el tiempo cure, dice. Y empiezo por primera vez, a encontrarle sentido a esa frase.

domingo, enero 3

historial.

Nuestro historial de búsqueda no debería ser revelado a nadie, y sin embargo dice tanto de nosotros. Pensé qué cosas busqué en mis dos días de descanso, en casa, con pocas obligaciones y la única compañía de Rolfi. Y casi todo tenía que ver con cómo morigerar los efectos de la edad. Rutinas de belleza para la piel, los ojos, la postura, etcétera. "Como es que se te ocurre googlear todo?", me preguntó una vez mi analista. Y la verdad es que creo que lo que encuentro son ejemplos. Ideas para imitar, referencias femeninas y consejos, cosas que me escasean.

Pero también busco ratificaciones de que sí, tengo casi 35 y sí, es lógico que mucha gente me llame señora, (incluso en un piropo, pueden creer el descaro?!) Sé que estoy monotemática con este tema, y espero no aburrir, pero saben qué? Le doy vueltas porque necesito aceptarlo, pero sobre todo, necesito encontrar y confiar en mi forma, mi estilo, para transitar la edad y la maternidad.

El otro día un amigo me dijo que yo alineo el ser madre con la seriedad y la responsabilidad, y a esta última con la no libertad.  Como si cuando soy mamá tuviera que recortar un cacho de mí porque ser inquieta, curiosa y querendona como soy no tiene nada que ver con ser madre.

Debe ser eso mismo lo que me produce un signo de interrogación gigantesco, y una especie de perplejidad, cuando voy a las reuniones del jardín de infantes. No soy punk, heavy metal y ni siquiera califico para hippie con osde, y sin embargo siento que no tengo nada que ver ahí. Y no es sólo porque ellas lleguen en autos 0 km y yo en bici o bondi, o porque usen ropa de oficina,  tengan marido, o una prole más extensa.... Es una actitud, un modo de pararse, de hablar, un apropiarse que no reconozco. Me imagino que a más de una le pasará, pero desde mi óptica están todas en su salsa y yo soy la sapa de otro pozo.

Mi amigo, que es el que me hizo la lectura de aura (ya sé que suena a paparruchada pero créanme que no), me dijo que mi exigencia ahoga mi pasión. Es decir que hago todo apasionadamente, pero la creencia de que hay un deber ser, un estándar que alcanzar, un modo correcto de hacerlo todo, silencia lo otro. Me dijo también que Tomás no necesita que cuando caminamos de la mano le explique qué es un pájaro, la luna, el sol.. el mundo entero. No neesita que esté todo el tiempo intentando cautivarlo, hiper conectada con todas las pilas. Que a él le alcanza con que esté junto a él en silencio, que me ubica perfectamente como su mamá y que tiene un mundo interno y un constante descubrir y sobre todo una conexió muy profunda con mi ser, que lo hacen reírse de todos mis esfuerzos por ser una madre seria.

Quizás en definitiva tengo que deje de creer que hay un sólo modo de ser una mamá mamá hecha y derecha, y disfrutar con más seguridad de mi propio estilo (Viendo a Tomás no debe estar tan mal).

Y hablando a un nivel más general -ya no sólo como madre sino como mujer-  darle más crédito a mi intuición, a la que desoigo continua y casi tozudamente, y hacerme dueña de mis años, mi experiencia, mis aciertos, mis desaciertos, todo mi historial de vida del que aprendí lo mucho o poco que sé.

...

¿A alguna de ustedes se le presentan estas inquietudes también?

Feliz nuevo año muchachada, espero que lo hayan empezado con muchos abrazos, muchas sonrisas y unas enormes ganas de comerse el mundo (además de los pandulces)!




lunes, diciembre 21

aura.

Vengo desconectada de mí. Es eso. Eso sentí anoche, cuando me despertó la tormenta en la madrugada y Tomás con una mirada absolutamente clara, sin edad, firme, insistente y sostenida me habló de un señor que me había escupido en la cara, pero que no me iba a llevar. Sentí que no estoy viviendo mi verdad y que no estoy siendo libre. Fue tan claro. Vi que estoy funcionando, sí, pero muy lejos de vivir en plenitud. Estoy alejada de mi esencia, que es sentir con intensidad, dar amor sin medir, soñar de a momentos, fantasear, juguetear con el tiempo y el espacio, conectar a fondo con cada persona en el camino.

La esencia no puede ser mala ni buena. Es. Y cuando la estaba orillando me asusté. Fueron esos meses en que me animé a llevar mi pesar, mi existencia por momentos sobrecargada, al espacio de baile, para encontrarme con mi cuerpo y mi alma. Mi propia intensidad. Ahora mismo, que la siento asomar, algo se activa dentro que me dice “no para qué, no lo hagas, a quién le importa”. Pero decido seguir. Porque en definitiva soy yo, y si estoy acá es para algo más que esconderme de mí misma. La campanita de la racionalidad, de esta adultez que cargué de atributos negativos, suena, resuena, y de a ratos elijo oírla sólo a ella. Los sonidos del afuera; ponga donde los ponga, siempre me van a decir que me aleje de ahí, porque quema. Pero si no soy yo en este mundo, quién voy a ser. Si tengo un caudal amoroso que decido recortar por miedo, a dónde va a ir a parar todo ese amor. A quién voy a privar de recibirlo; cuántos momentos que podrían ser iluminados serán sombríos, o apagados, o tibios. Cuántos de mis aspectos -y por cuánto tiempo- voy  a seguir ocultando hasta de mí.

Mi esencia es dar amor. Hoy lo entiendo. Y ese amor no tiene nada que ver con el poder, ni con el medir. Es un amor que me permito alumbrar cuando estoy con chicos por ejemplo, donde me siento libre de ser, de expresarme, de reír, jugar... donde no me siento juzgada, sino un par.

Cómo se traslada a lo profesional, a un medio de subsistencia, no lo sé. Pero no es el momento de pensarlo. Creo que hay mucho camino que hacer antes de eso. Amarme a mí misma como vengo, como soy, después a mi entorno más querido, después al mundo. El miedo me está cohibiendo este camino. Mi sensibilidad es tan grande como mi autoexigencia. El amor que tengo para dar está pidiendo un campo a donde expandirse, y yo estoy eligiendo mirar hacia el costado, siempre con alguna justificación del orden de lo concreto, para no animarme.

Ahora entiendo. Cuando bailaba estaba yendo hacia ahí. Empezaba a ver a los demás como seres llenos de luz y de amor, coexistiendo, conviviendo con mi propio ser, en una dinámica nueva, alejada de los nombres propios, de lo geográfico, los sí, los no, los pero, los sin embargo.. las racionalizaciones. Era un modo nuevo de ver. Somos todos seres haciendo nuestro recorrido, encontrados casual o causalmente en un tiempo y espacio para mirarnos y compartir algo.

Mi propio hijo lo es. Mi amor Martín lo es. Mi papá, ahora con su enfermedad, lo es. Mi hermano, mi hermana, mi mamá. Mis hermosas amigas. Esos desconocidos con los que empecé a compartir la pista. Mis sobrinos, mis alumnos. Gerónima. Madeleine, mis compañeros en Eter, Rolfi.


Sé que cuando logro sintonizar con quien soy el mundo se alinea en apariencia milagrosamente. Todo fluye, todo es abundancia, el aire huele bien, la luna brilla más (y me acuerdo de mirarla), el sol de la mañana es un regalo; una canción es un trocito de belleza sonando para mí; las plantas son esa magia que florece con colores; cocinar y comer es todo un festín; una charla con una amiga es una bendición; mi cama un lugar donde descansar. Cuando me animo a esa sintonía cada cosa es un plus, y no un ladrillito para levantar más paredes, o rellenar algún hueco. Cuando estoy así me percato hasta de lo más ínfimo; me río. Nada es trabajoso. Y vivir es una fiesta. 


(Esto está escrito después de una lectura de aura. Háganme acordar que les cuente de qué se trata.
Gracias por siempre leer lo que escribo. A la Cecilia más verdadera.)

martes, diciembre 8

imperfecta.

Veía una película. Lo suficientemente buena para engancharme. En la escena final ella decía "Y bueno, la podían querer, así, con sus colmillos afilados, su cola larga..." Imagínenese a Natalie Portman comparándose con un cocodrilo. Bueno, me tocó el punto justo sobre el que pivoteo estos días en que me siento tan mal.

Siempre miré con admiración y perplejidad a esas mujeres que hacen un show de sus defectos "Ah, sí, yo soy re perra". "¡Yo te las canto!", "Él ya sabe que yo soy polvorita", "Ah, yo soy así, si no te gusta no me mires".

Mi incredulidad nace del hecho de que algo o alguien me convenció de que a una la aman porque se lo ganó, porque se lo merece. Alguna cuestión del orden del mérito. Tenés que ser linda, buena e inteligente si queres tener chances de clasificar. (En terapia alguna vez hablamos de ese periodo difícil en que el amor de mis padres no venía de manera incondicional. Seguro tenga algo que ver).

Pero ...¿Quién quiere creer algo así? ¿Por qué evité  por tanto tiempo pensar que a una la aman por lo que es, sin esforzarse tanto, sin intentar complacer, sin tanta sed de perfección?  Quien te ama no está midiendo con ese tipo de vara, y quien no te ama, menos aun. La que entra a funcionar es una vara propia, que se alarga y alarga (si seré víctima de su extensión elástica).

Me está costando este post, siento que me estoy enroscando sin ir al punto Digo que necesito bajar las defensas y asumirme imperfecta, aceptar que me quieran así. Aceptar que de hecho me quieren así. Aceptarlo sin boicotear esos amores por ilegítimos e inmerecidos.

Ojo, cuando digo imperfecta no hablo solamente de que soy despistada, o de que soy narigona. Hablo de que a veces soy cruel, veces soy sarcástica, a veces soy egoísta, a veces soy celosa, insegura, otras descuidada.Y a veces hiero.

¿Y saben cuándo hiero? Justamente cuando me defiendo. Cuando quiero desmentir como sea eso que no quiero ver. Ese rasgo, esa actitud que me convierten en una humana con flaquezas. (Me tengo que defender. Esa no soy yo. No me vean así. No. Por favor, cómo no se dan cuenta de que yo en verdad soy toda buenas intenciones).

Por momentos siento que esa vara con la que me mido ya no me es funcional, No quiero ser perfecta porque me da mucho trabajo y porque además... nunca lo voy a ser. Mi propia exigencia no me deja respirar bien.

No sé si será tarde para hacer un cambio de este tipo, pero de verdad siento que  si pudiera virar hacia ese ángulo andaría mucho más liviana si me permitiera ser más libremente. Siento que me ahorraría mucha pero muchísima nergía, y andaría más suelta.

Quiero vivenciar mi cuerpo y mi personalidad  con más aceptación, hasta quererlos.  Quién te dice un día llegue a amarme.

viernes, noviembre 13

el paraíso existe.

Muy seguido en Sosloqueamás aludo a ese período, corto pero fundamental en mi vida. Y no sé si alguna vez fui a fondo en contarlo. Me anticipo al perfume de los tilos, me anticipo a esa nostalgia - por llamarla de alguna manera, porque en realidad como palabra se queda muy corta- y me decido a ponerle palabras a ese lugar dónde está de verdad mi estrella, el cielo para mí.

Está -y lo digo en presente porque aun 25 años después es así, y supongo va a ser siempre así-, en el conjunto de siete años  que van desde que empecé a memorizar cosas hasta la separación de mis papás. En ellos encuentro mi tesoro, mi capital, mi valijita de herramientas para no caer, para no descreer, para soñar.

De ese período, en el que viví en dos ciudades y tres o cuatro casas; fui a dos jardines y una primaria; el último tramo fue el más feliz de todos.

Vivíamos en un barrio de calles y veredas anchas que por la tarde olía a pasto recién cortado.  Muy cerca teníamos el mar. Había para mí, y todos los días,  una mamá que me buscaba a la salida de la escuela y un papá que volvía con su traje de trabajar. La casa olía a pan de carne, a churrascos, a tostadas o torta de limón. Papá se sacaba el traje y se ponía a trabajar en la construcción de las habitaciones de la planta alta. Mamá le cebaba mates. Los recuerdo juntos leyendo y riendo en la cama con las ocurrencias de Dolina. Los recuerdo desnudos y enredados una tarde que me dio por entrar a ver qué hacían los grandes cuando se quedaban solos. Los recuerdo dejándonos al cuidado de mi abuela para irse de joda un sábado a la noche.

Eran compinches los viejos. Cuando viajábamos escuchábamos los cassettes de Les Lutthiers, que ya sabíamos de memoria. Y mi viejo no chistaba cuando mi mamá metía uno de Whitney Houston. Y si no cantábamos todos las canciones de la Novicia Rebelde. Les gustaba acampar. Un verano nos fuimos un mes con la carpa al sur de Brasil. En mi vida volví a tener ese bronceado, y esa seguidilla de días felices.

Los viernes estaban de acuerdo en que comiéramos con tele y Coca Cola. (El otro día miraba una botella de litro y me preguntaba cómo nos las arreglábamos los cinco con ese centimetraje cúbico). Veíamos Alf, o una peli en VHS.

Eran compinches también para sorprendernos. Como cuando compraron la videocassettera y nos esperaron a la salida de la escuela con pequeñas entraditas hechas a mano para la función de "La historia sin fin" que tendría lugar en el living de casa. O cuando nos dejaban cartitas firmadas por los Reyes Magos, en las que, con letra deformada, contaban historias desopilantes.

El mundo entero funcionaba bien. Yo sabía dónde me acostaba y dónde me despertaba. Sabía que las mañanas olían a la colonia y la espuma de afeitar de papá y que sonaban los jingles de Cabrales en una AM. Sabía que tenía mis hermanos, mis perros, mis gatos, mi escuela, mis vecinos del barrio. Tenía mi jardín delantero, y el parque de atrás, con limonero y cerezo.

Sabía que los fines de semana la casa iba a abrir sus puertas para los matrimonios amigos con sus proles, y que entonces íbamos a ir en el auto a comprar pizzas, y después los grandes iban a a hacer rondas de Jodete con todos nosotros circulando por la casa hasta que cayéramos en el sueño con la cabeza contra el pecho de mamá o papá.

Sabía que iba a ver excursiones a la playa en invierno o verano. Las primeras abrigados, y con cañas de pescar. Las segundas con baldecitos y el olor al Sapolán de mamá.

Sabía que podíamos ir a comer afuera de vez en cuando. Entonces me ponía los taquitos, fuera para ir a la pizzería Los Changuitos, a la cantina Don Gennaro o al que papá llamaba "el bolichón azul".

Sabía que muchos sábados - o domingos- los pasábamos en la granja de los Piscitelli, en la Sierra, con olor a salvia y romero, con gallinas a las que les sacábamos los huevos y conejos a los que les espiábamos la caca en bolitas.  Y que otros, los de verano, nos íbamos al camping de los Casineros, con los Romano Cuenca, o al de los Judiciales en Miramar. Esos días de campamento se suspendían las reglas, los horarios, los recorridos habituales. La vida era una fiesta.

Sabía también que toda gracia era bienvenida y festejada. Fuera un dibujo hecho en la escuela, un cuento escrito a máquina de escribir, o una de las tantas funciones que armaba, de payasos, títeres o casas del terror. Mamá y papá parecían de acuerdo en celebrar nuestra creatividad ahí por dónde apareciera.
                                                                                          .  .  .

Me cuesta rastrear por dónde se fue derrumbando todo aquello. Recuerdo sí esas ocasiones en que -como síntoma del malestar- el menú era fideos con manteca. Mamá con gesto amargo sin levantar la vista del plato. Recuerdo también que un día discutieron, y ella le pegó con un trapo de piso, y que él lloraba. Ah, y también la voz de locutor de Elvio, preguntando por mi mamá al teléfono. No mucho más.

Después saltamos a la tarde en que el viejo nos esperó a la salida del colegio con dos Havanna para cada uno y yo ya supe que algo tendría que estar muy mal. La imagen de mi vieja desnuda en el baño después de una ducha; mi fijación con  los pliegues de su abdomen. La voz solemne de mi papá en la cocina. Mi golpetear en la mesa con un manojo de llaves.

Abrevar. Esa es la palabra que me viene a la cabeza cuando pienso en mi relación con aquellos años. Como un surtidor de agua y alimento eternizado en el tiempo.

Hoy, con 34, a punto de divorciarme. Hoy que lloré cuando cerré la puerta de calle y Tomás ya no estaba dentro. Hoy abrevo ahí para seguir apostando a que el paraíso existe.

jueves, octubre 29

donde está mi estrella.

A la vez que la euforia me impide concentrarme en lo cotidiano -explicarle algo a un alumno, cocinar, contestar un mail de laburo, chequear el cuaderno de comunicaciones de Tomás - .... siento que todo se ordena, todo se encolumna detrás de eso que una vez anuncié acá: mi vocación de escritora.

Un premio, por un texto que yo considero desparejo.. torpe y lúcido alternadamente, vino a decirme -sí, otra vez- que es-cri-ba. (Están siempre ustedes, pero pienso que les llego por lo que cuento, no por cómo lo cuento. Lo siento no extrapolable a otro espacio que no sea el de sosloqueamás, co-creado entre ustedes y yo.)

El cuento ganador -¡que va a salir en un libro!- se titula  "Un labial rojo". Qué les voy a contar a ustedes si vieron nacer todo.

El concurso en cuestión es el Yo te cuento Buenos Aires VI, al que me inscribí hace como seis meses con mucha ilusión. Agarré algo que ya tenía escrito; lo pulí; se lo dí a leer a mis amigas más literatas que hicieron sus atinadas observaciones; lo llevé una mañana de sol al palacio de la Legislatura con una sonrisa de oreja a oreja, le puse todo mi disponible de luz al edificio; le sonreí a la señora que me recibió en una minúscula oficina y metió las impresiones en una gran carpeta sin demasiada convicción; y después, para pre-premiarme, enfilé derecho a Falabella, donde adquirí -en cómodas cuotas- otro lápiz de labios y un perfume, cuestión de cambiarles el color y el olor a los días. Cuántas veces entré a la página de la Legislatura, perdí la cuenta. Hasta me hice seguidora de un Fake del concurso en Facebook esperando ver por ahí noticias de mi cuento.

Un labial rojo no es ni más ni menos que una suerte de compilado de todo lo que ustedes fueron leyendo acá.  Desde ese post del labial hasta el ejercicio del espejo o Shine a light.

Así es que mi segundo premio este año es la narración de otro evento doloroso. Por eso es que digo que todo cobra sentido. Por eso y porque al lado de esto todo lo demás -mis oficios terrestres, de los que vivo- parecen una nadita. Lo cual habla de dónde está mi estrella. 
                                               
                                                                                     .    .    .

Gracias por ayudarme a darles reparación a mis días, cuentos a mi reparación y papel a mis cuentos. 

lunes, octubre 19

sin vergüenza

Ésta es una de las entradas que probablemente más me cueste escribir. Que más borre, edite, publique, republique, revise. Porque el tema, mal que me pese, es tabú de tabúes. Nos decimos tan abiertos, hablamos de matrimonio igualitario, de aborto legal, de parto humanizado y veintemil cosas re progre y todavía no aceptamos el hecho de que la mente a veces necesite medicamentos igual que el cuerpo. De hecho la llamamos medicación como para que quede bien clara la diferencia. Livianamente decimos "está empastillada", "está mal medicada", como troglodita que dice "está ovárica". (Y sí, casi siempre nos referimos así a mujeres).
Condenamos la psiquiatría discursivamente y la practicamos en los fueros íntimos. Es más objetable tomar un psicofármaco que clavarse tres birras antes de irse a dormir o fumarse un porro para olvidarse por un rato del peso de la vida.
Hablo en primera persona del plural porque yo, aunque medicada, estoy un poco en ese bando. El de los que tomamos Ibuprofenos, quras, anticonceptivos y capsulitas de todos los colores pero no aceptamos -o lo hacemos a medias- ayuda mental en forma de píldoras.
Les cuento todo esto porque este blog se convirtió de a poco en un desandar lados A y darles play a los lados B. No para ser bajón, sino para sincerarnos y  encontrarnos desprovistos (o desprovistas: asumamos que somos mayoría de mujeres) de prejuicios y juicios.
Aun así mientras escribo pienso de cuántas cosas podría hablar en vez de mi mediación psiquiátrica. En qué va a decir tal o cual. En si lo googlearán futuros potenciales empleadores ..... Después me calmo y me digo: no hablás de nade más (¡y eso que hay!) más que de vos, no mentís, no le hacés mal a nadie y -por el contrario- buscás tender un puente hacia alguien que esté en la misma.
Yo rechazaba de plano toda ayuda que viniera de las medicaciones. Tomar Rivotril -como veía que hacía tanta gente con tan poca pregunta al respecto - me parecía tomar el atajo fácil. Que te prescribieran una medicación por tiempo indefinido me parecía directamente señal de que estabas en serios problemas y -lo peor- de que no tenías recursos para buscarles solución.
No me acuerdo bien cómo, cuándo ni por qué llegué a la primera psiquiatra, una señora paqueta bien de Belgrano que había heredado la profesión como se hereda mobiliario, que no tenía la más mínima sensibilidad y que me dio Zoloft como al tuntún. De verdad no me acuerdo cómo se originó esa primera consulta, Sé que no funcionó.
Después llegó mi actual médica, quien además es psicoanalista, y en quien (recién) después de cuatro o cinco años aprendí a confiar.
Se llama Mónica. Creo que la primera vez que no peleé con ella, ni con sus recetas fue la última. Fui a pedirle ayuda. Le describí una serie de cosas que estaba sintiendo -varias de ellas están acá- y otras que estaba haciendo instintivamente para aliviar el malestar como caminar todas las mañanas al sol, tomar limón, comer muchas bananas y nueces, tomar espirulina, maca y acai, bailar, eliminar las harinas, aumentar sin prescripción médica la levotiroxina, tomar litros de té verde... Le dije que igual me sentía mal, muy mal; cansada y cada vez con menos ganas de nada. Le hablé del divorcio, del diagnóstico de mi papá, de mi laburo. Con una sonrisa me dijo "¿Te das cuenta de que estás deprimida?". Me habló de aceptar que las cosas se terminan. Mencionó la palabra "distimia".
Sentí que alguien me atajaba, me comprendía, me ayudaba.
Ya me había escuchado con sumo interés y cuidado otras veces, pero yo no lo quería ver así. Para mí era la guacha esa que me quería medicar, la que tipificaba y nombraba lo que tenía, la verduga que bajaba la guillotina de la paciente psiquiátrica. En cada sesión se repetía la escena: yo peléandome con la medicación; ella argumentando ("lo más importante, que es la terapia, lo estás haciendo") y estableciendo una serie de analogías muy gráficas (del tipo "Cuando uno se quema se pone una gasita"), que me negaba a aceptar.
Durante el embarazo, después de unas especies de ataque de pánico, tuve que retomar el tratamiento para dejarlo semanas antes del parto. (Y no, de nada de eso me animaba a hablar por acá). Imagínense resignarte -aceptar es una palabra que queda grande en este caso- a tomar una medicación con un bebé en tu panza. Interconsulta con el obstetra; evaluación de riesgos- beneficios y que estés tan mal que los últimos les ganen a los primeros. Después el esfuerzo en los primeros ocho meses de puerperio por sostener la lactancia. La desazón al octavo mes por no poder sostener el esfuerzo. Dicen que a cada uno le asignan la mochila que puede llevar. A mí la angustia y la ansiedad por momentos me resultaron demasiado.
¿Y saben qué me dio la medicación?  Ese famoso contar hasta diez, ese alejarte medio metro y mirar la escena, ese irte a la banquina y poner balizas cuando necesitás parar. La posibilidad del margen y la perspectiva.
Ahora el asunto es esta leve depresión, y estoy agradecida de que alguien pueda ayudarme a lidiar con ella, mientras sigo sanando y encontrando mis propios recursos, internos y externos. Aunque miro con ganas el día en que tire a la mierda toda pastilla y me despida de mi psiquiatra con un fuerte abrazo, aprendí que alguien con la medicación adecuada no está drogado, sino parado en sí mismo sin el ahogo.

                                                                                          . . .

Creo que va a pasar un tiempo antes de que las revistas incluyan una nota sobre esto junto con terapias alternativas para el bienestar. Es así. Mal que nos pese muchas de las que leemos y/o escribimos en revistas femeninas necesitamos a nuestra Mónica. Y si no lo podemos decir, oook, no hace falta, pero no lo vivamos con vergüenza.

martes, octubre 13

ese tlin tlin tlín

Como les contaba en los últimos posts de a momentos me siento envejecer. No me refiero a crecer, ni a madurar, simplemente envejecer. Lo experimento cuando la energía me rinde menos, cuando el entusiasmo no es el mismo y el cuerpo empieza a dar señas de no responder igual: Pero sobre todo cuando la credulidad con que miro al mundo cae estrepitosamente.

Ojo, nunca fui una optimista a ultranza. Hace rato que tengo fijación por el lado B de las cosas, e incluso por los hilos que las mueven. Pero algo pasó. O mejor dicho muchas cosas pasaron, para despojar el día a día de ese tlin tlin tlín que te moviliza, que es como una lucecita, una campanita. Es una nena mirando el truco del mago fascinada, sin siquiera sospechar que hay truco; confiando en que es tan sólo magia.

Qué pasó. Lo puedo rastrear. Está a la mano. Las arideces de la adultez, la maternidad mostrándote tus sombras, el  responsabilizarte por alguien más, el reverso del amor, el fin de un empleo (y un ciclo), la vocación puesta a prueba,  la muerte como posibilidad concreta..

Todo eso lo sé, como se sabe la tabla del 2, pero de qué sirven las racionalizaciones. No las quiero usar para entregarme. El GRAN dilema que enfrento cada día es ese: me entrego o no.Y cuando decido que no, encuentro alimentos para el tlin tlin tlin.

Por ejemplo:

Dejar las preocupaciones que te abruman a la mañana apenas abrís los ojos; encontrarte con los de tu hijo, y confiar en él y su frescura como un puente de algodón, en el que nada malo puede pasar, y atravesar unos minutos de cosquillas y de diálogos que no tienen pies ni cabeza.

Levantarte, y aunque cueste arriarlo todo, agarrar niño, juguetes, calzoncillitos extra, equipo de mate y arrancar para la plaza. Entonces-por un ratito- concentrarte únicamente en saludarlo al verlo pasar con cada vuelta de la calesita.

Hacerte unos minutos entre mail y mail con el abogado, la contadora y la imprenta, después de corregir trabajos prácticos, para poner a calentar la cera, preparar un exfoliante casero, hacerte un baño de crema, limarte las uñas, ponerles brillito. Querer verte linda y apostar al encuentro con el otro.

Registrar tu cansancio y elegir en Netflix algo que te haga reír. Como a mí Friends. O soñar, como la biopic de J.K. Rowling. (Es por unos minutos creer que sí, es reposible, que por qué no. )

Hacerte unos minutos a la noche para pasear al perro, para comprar un vino.

Ayudar a alguien cuando sentís que la única que necesita ayuda desesperadamente sos vos. Es preguntarle a alguien ¿cómo estás? y liberarte por un rato de tu propio peso existencial

Subir a tomar unos mates al sol. Tener una charla sincera y llena de amor con él.

Regar las plantas; curiosear un artista nuevo en Spotify. Tlin tlin tlin es bailar.

Ponerte a escribir -o lo que sea que te conecte con tu centro- sin sentir que perdés el tiempo; sabiendo que es tu parte más necesaria, y que jamás resta, por el contrario: te alimenta.

..

Hay días en que sinceramente me siento la peor de todas, presa de las consecuencias de decisiones equivocadas. La que hizo todo mal y ahora sólo puede emparchar. .......Ojalá cada vez más pueda hacer este ejercicio. Releyendo me doy cuenta de que en esto del tlín tlín tlín una de las claves es recuperar la elección.

PD: Leí TODOS sus comentarios. Ustedes se zarpan. UStedes me dan esperanza Hay veces que pienso que no puedo mas. Juro que a veces pienso que me voy a desmayar de cansancio, y no me voy a poder levantar más. A veces creo que hasta anhelo eso. Pero cuando las leo ahí, tan desinteresadas, leyendo, escribiendo, compartiendo, latiendo conmigo, me vuelve el alma al cuerpo, la emoción a los dedos, las lágrimas de emoción a los ojos. Gracias eternas, Perdón que no conteste una por una: no tengo tiempo para nada (imaginense que todavía no retiré un premio que gané hace como dos meses!). Ya va a llegar, como todo, se supone, llega. Pero entre tanto sepan que las leo, las abrazo, las quiero.

lunes, septiembre 28

el tipo de post que Fabián Casas jamás escribiría.

Después de leer sus comentarios quiero agradecerles de corazón que acepten mi colección de textos inconexos y caprichosos, cuyo único elemento en común es su autora. Justo acabo de leer una entrevista a Fabián Casas, autor que admiro mucho, que guardé para cuando me quedara sola en casa. Dice que intenta trabajar en contra de su voz personal, porque en ella se siente "agobiado, triste y esclavo". Me pesó un poco que dijera eso, porque yo casi no sé escribir en otra voz que no sea la mía. Y encima -siento- me libera bastante. Pero él es Fabián Casas, así que voy a intentar averiguar a qué se refiere cuando dice que "recién cuando el personaje devino en ficción siento que empieza a funcionar".
Dicho todo esto les cuento la anécdota que traía en mente cuando empecé esta entrada.
Un día de 1996 fui a lo de Karen, mi mejor amiga del secundario -y amiga hasta hoy- en Mar del Plata. Fui en la bici.- Es decir, crucé la ciudad entera pedaleando. Algo me preocupaba, no me acuerdo qué. Seguro una pelea hogareña.  En el camino  pasé adrede por la casa del chico que me gustaba, a la vuelta de la de mi mamá en La Perla, y tenía un cartel de SE VENDE.  ¡Si se mudaba no lo iba a ver más!
Paré la bici con un nudo en la garganta. Estaba por arrancar de nuevo cuando descubrí con mi lengua que me faltaban tres brackets de la hilera inferior de dientes. ¿Cómo podía ser? Repasando concluí que me los había tragado comiendo una cocada muy dura que había traído papá de Brasil. Creo que en lo primero que pensé fue en el enojo de mi viejo cuando le contara.
Ya con lágrimas asomando seguí pedaleando hasta Caisamar, donde Karen me recibió con sorpresa por mi malestar. Le conté eso que me tenía mal y y que Pirulito se muda. ...."¡Y encima me tragué los braaackeeets!" Se empezó a reír, mientras a la vez intentaba consolarme. Esta anécdota me la recordó ella misma ayer por Whatsapp, porque decidió ponerse aparatos. Me reí, primero. Me quedé pensando, después.
Llegué a la conclusión de que aunque pasaron como 18 años y  las fichas, el tablero, miles de cosas cambiaron, yo, en el fondo, sigo siendo esa que hace una ensalada con las tres cosas que encuentra alrededor para dar un sustento objetivo y bien fundamentado, a su angustia.Y en realidad es que la muy guacha está ahí siempre esperando su oportunidad. Casi me animo a decir que cualquier bondi la deja bien.
Este año, en que los desafíos se amontonan unos sobre otros, en que las batallas son muchas, en que la energía por primera vez se muestra finita, es perfecto para esta operación que les digo. Hay días que la angustia no me deja moverme, me toma el pecho, la mirada, la voz. Lo tiñe todo de alerta, miedo y ansiedad.
 Y la verdad es que un día es la cocada o el reto de tu papá; otro es la desolación de separarte que te cayó toda de golpe.  ¿Y mañana? Quién sabe. Las novedades no van a parar. no se puede poner stop a lo que sucede. Y aunque siempre haya -porque las hay y cómo- amigas dispuestas a oírte, entenderte y desdramatizar el cuadro, la realidad es que estás sola.
O mejor dicho todo tu recurso -tu única eterna compañía- en el fondo sos vos misma.
No podés detener el afuera, como tampoco podés ponerte a vos misma en pausa. Es como un versus entre"Walk on" y "Stuck in a moment".
Y nada, eso. Seguro que Fabián Casas se reiría de esta cháchara autorreferencial, pero necesitaba ponerla en letritas y ver si alguien entiende de qué corno estoy hablando.
Feliz comienzo de semana muchachada.

c.